Bicho

Bichito, nuestro gato dejó de sufrir a las 3 a.m., murió de insuficiencia renal, una enfermedad que lo aquejaba desde noviembre del año pasado.
Ayer, viernes fué un día que presentimos era su último, se la pasó dormido, no quiso comer, ni tomar agua, pocos intentos de levantarse y caminar pero ya muy débil, sus patitas ya se estaban enfriando.

Había pasado mas de un mes en tratamiento desde diciembre, cada 4 días lo llevaba al veterinario para su inyección contra la enfermedad, era un martirio para el, desde meterlo en la caja transportadora, esperar su turno y recibir sus tres inyecciones, la mas dolorosa, el complejo B, que le ayudaba a no perder el apetito.

Bichito fué un gato como tantos que han llegado solos a mi casa, nos adoptó, no recuerdo que año fué pero mi abuelita aún vivía, probablemente por el 2014. Era un gato muy indiferente, no se dejaba acariciar, más nunca fué agresivo, era desconfiado, no era juguetón ni cariñoso con nosotras, solo cariñoso con Perry y Peggy, a ellos si se les sobaba, la única vez que lo escuché ronrronear fué cuando estaba bajo el influjo de un analgésico.
Era algo apático pero siempre estaba al pendiente a la hora de la comida para que lo dejáramos entrar a ver que le tocaba, y eso si, amaba el cuarto de mi mamá, en especial dormir en su cama, o en la cama de Perry.

Me la vivía llevándolo al veterinario, si no era por que traía una infección en el oscico, traía un lagrimeo en los ojos, etc., pero siempre se aliviaba, hasta que en noviembre notamos que se orinaba seguido en su camita, le hicieron un análisis de sangre por que el médico sospechaba que podía ser diabetes, sin embargo todo indicó que era una insuficiencia renal, entonces tuvimos que modificar su dieta, ahora baja en proteína y libre de sodio.

Compré Royal Canin Renal Support para gatos, y al principio fueron bien recibidas por él, pero a la semana notamos que las vomitaba, entonces mi hermano compró unas croquetas “IAMS Urinary health” para el PH de la orina, esas si le cayeron bien, ademas mi mamá le hacía una papilla de papa con zanahoria y poquito pollo sin sal, la cual parecía gustarle mucho, hasta que también la comenzó a vomitar.

Lamentablemente notamos que con cada visita al veterinario su peso disminuía, sus huesitos cada vez se notaban más, seguía orinando mucho, su apetito decaía, su piel estaba muy deshidratada.
El veterinario sugirió otra muestra de sangre, pero al intentar introducir la aguja esta se doblaba, sin embargo pudo sacar un poco, además intentó canalizarlo con suero pero eso si fué imposible, su piel estaba demasiado dura, así que me dijo que el pronóstico era reservado, que probablemente más adelante habría que tomarse una decisión (dormirlo).

Comparó los resultados y me dijo que no había mejoría, al contrario, los parámetros habían aumentado, al explorarlo notó el riñón muy inflamado, se me hizo un nudo en la garganta, mi madre me dijo que mejor suspendiéramos el tratamiento, por que cada piquete era un calvario para bicho y de todos modos no iba a mejorar.
Así duró dos semanas más, le compré unas latitas de comida especial para problemas renales y urinarios de la marca HILL’s, las primeras dos sí se las comió, pero cada vez comía menos con los días.

Por las tardes se tiraba al sol en la puerta de mi taller de dibujo, en los últimos días que estuvo frío, lo metí a mi baño con su comida y agua, y le cambiaba el pañal como 3 veces al día, me partía el corazón verlo muy débil, por fin se dejaba acariciar.

Ayer viernes, ya no se levantaba, tampoco se quejaba, me sentí profundamente angustiada, no sabía que hacer, no sabía si llevarlo a dormir, no quería que siguiera sufriendo, no quería verlo colapsar, pero entre mi mamá y mi amiga Karla, decidimos dejar que se fuera solo.
Todo el día me sentí mal, no tenía cabeza para hacer nada, no quería dejarlo solo, lloré mucho mientras lo acariciaba, veía como aun respiraba y trataba de calentar sus patitas frías, aunque el parecía estar durmiendo muy agusto.

En la noche me lo traje a mi cuarto y prendí la calefacción, me dolía mucho la cabeza y me dormí como a las 10:30 p.m. Comencé a soñar que estábamos en otro lugar y me ponía muy feliz por que él se levantaba, le ponía la comida de la latita, comía y tomaba agua, en eso un maullido me despertó, me levanté y prendí la luz, me acerqué a la caja, maulló y abrió un poco los ojos, traté de consolarlo, le pedí a Dios que ya se lo llevara sin sufrir, estiró su cabeza hacía la esquina de la caja y dió un suspiro, traté de acomodarlo de nuevo pero su cuerpo ya estaba flojo, más frío y había dejado de respirar, eran las 3 a.m en punto, lloré con el corazón en pedacitos, no he podido dormir, me tomé una pastilla para la cefálea con leche tibia, no dejaba de pensar en estas palabras, tenía que sacarlas. Aunque no puedo evitar la tristeza, me consuela saber que por fin ha dejado de sufrir.
6.45 am.

En memoria de Bicho.

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4 comentarios en “Bicho

  1. Lloré con tu relato, yo también amo a los gatitos, contrario a la mayoría, me gustan más que los perros. Me da tristeza pensar que mi gatita algún día se encuentre en esa situación.

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  2. Estoy seguro que él supo hasta el ultimo minuto que era amado, que ese último maullido fue un “gracias por haberme adoptado y dejarme ser parte de una familia”, estoy seguro que ese último maullido también decía “yo también los amo”

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