Sueño del 20 de febrero 2020

Una de las atmósferas recurrentes en mis sueños, suelen ser parecidas a los viajes.
Estaba con una amiga que no logro recordar si es alguien que conozco en la vida real, estábamos en una tipo escalinata, bastante ancha, de piso empedrado como en Portugal, en una ciudad muy bonita, con cafés y restaurantes, bastante animada de turismo.




A medida que íbamos subiendo los escalones la arquitectura y la gente iba cambiando, de pronto todo comenzó a parecerse como a Cuba, la arquitectura era bellísima tipo francesa, había muchos monumentos alusivos a la guerra, de hombres cargando banderas, la ropa de la gente era como de los años 20s, con boinas y tirantes, la ciudad tenía un ambiente tenso, de posguerra y opresión, en tonos grisáceos, sentíamos algo de temor, sin embargo se me iban los ojos de tantas cosas diferentes que veía, había letreros en otro idioma.



En mi mente pasaba el deseo de tomar fotos pero en el fondo sabía que era un sueño y que de nada iba a servir hacer el intento, sabía que no iba poder recordarlo todo como lo estaba viendo y eso me frustraba un poco.
Seguimos avanzando y al final todo cambió de nuevo, ahora todo tenía un aspecto de los años 70s, la vibra de la gente era muy hippie, había combis, lo curioso es que así como se ven en la actualidad esos programas de televisión, en tonos verdosos o naranjas, e incluso borrosos, así veía todo.
Decidimos regresar y volvimos a pasar por esa ciudad agrisada con tintes de la Unión Soviética para terminar en la ciudad turística.


Desperté con las imágenes nítidas y frescas, como si hubiera viajado, durante el sueño trataba de concentrarme en un punto especifico para recordarlo tal cual y dibujarlo al despertar, sin embargo, al transcurso de los minutos al despertar las imágenes se fueron desvaneciendo.

(Fotos propias usadas como referencia)

La carretera

Uno de mis favoritos de la infancia, tendría unos 7-8 años, lo he tratado de pintar varias veces y nunca me convence el resultado a pesar de ser tan sencillo en elementos.
En el sueño sabía que iba de viaje con mis tíos y primos, me sentía segura, relajada, protegida y muy gusto, por la ventana contemplaba el mar que estaba en ambos lados de la carretera, estaba anocheciendo y los colores eran: azules y violetas en el cielo, azules y verdes en el mar, había delfines que brincaban de un lado a otro y la luz de la luna iluminaba sus lomos mojados.
Cada que me ha tocado viajar en carretera de noche tengo un déjà vu.

El tigre

Han pasado varios años de este sueño, que recuerdo pocos detalles. Estaba en el segundo piso de mi casa con mi mamá, en la última parte del sueño volteaba hacia la ventana que da hacia el norte, la vista no era de casas como es en la realidad, había una enorme pradera verde, había varios detalles surreales pero lo único que recuerdo es que a lo lejos había dos helicópteros encontrados y desde ellos de alguna manera pendía una estrella de 4 picos amarilla luminosa, en una fracción de segundo un tigre se lanzaba hacía la ventana, en ese momento desperté.

En la portada de uno de los libros de Dalí que tengo, aparece una pintura de un sueño que tuvo Gala de dos tigres brincando similar, aunque no estoy segura si compré el libros antes o después de mi sueño.


Lilian.

El Bosque.

Sueños.

La atmósfera tenía un color amarillo, como el que deja la lluvia a veces por las tardes, el aire fresco y el olor a petricor.
El perderme en los videos de la construcción de los paísajes de montañas de Bob Ross, me dejaba bastante información visual, en la humedad del otoño, subía a jugar a la azotea, la vasta hiedra creciente del solar abandonado de a lado, el cielo nublado y el olor a tierra mojada me transportaba a un ambiente rodeado de montañas, ríos, cabañas, silencio y naturaleza.
(Algo muy lejos de representar Reynosa)

Olas de mar.

Sueños.

Despertaba en una casa en la playa de Cancún, salía por la puerta trasera de la cocina a ver el mar, el sol de medio día brillaba en el azul turquesa del mar, pero algo no andaba bien, las olas que se supone que debían romperse al tocar la arena, hacían movimientos oscilatorios hacia la derecha.
Sabíamos que era mal augurio y salíamos en una camioneta hacia la calle, de pronto una ola gigante cubría los edificios, yo salía por una de las ventanas del auto, y mientras trataba de llegar a la superficie, veía entre el agua a la gente, carros y edificios, desperté.

La serpiente medusa.

Caminaba de noche por la colonia Aztlán, en un contexto de llegar a la fiesta de los amigos de un ex novio, al llegar entraba a la casa en busca del baño, los papás de el anfitrión de la fiesta estaban sentados en la sala audicionando a unos malabaristas en plan circense, me indicaban en donde estaba el baño, al lavarme las manos aparecía entre mis manos una serpiente rosa con muchas serpientes del otro extremo, me mordían, era imposible que no me mordiera la mayor o una de las mas chiquitas, en mi desesperación la lanzaba al escusado y descargaba el tanque de agua, desperté.

La Piñata.

En mi infancia con frecuencia se borraba la línea entre la fantasía del sueño o la imaginación y la realidad.

En una ocasión mi madre nos llevó a una “piñata”, como se le conocen o conocían aquí a las fiestas infantiles de cumpleaños.
Al menos cuando yo era niña era muy común que la fiesta fuera en el patio trasero de la casa y para ayudar a localizar mas pronto la fiesta a los que no sabían exactamente bien donde era, se ponían globos en las rejas, no se por que, pero me encantaba ese detalle, se me quedó super marcado en la memoria.

En la vida real si fuimos a esa fiesta, pero no se en que momento la segunda parte del día la confeccioné con el sueño de esa noche, al salir de la fiesta el cielo estaba marcado por el día y la oscuridad de la noche, sin crepúsculo, sin degradación de la luz, como si fuera un cambio drástico entre la noche y el día.