Sueños de la infancia.

Recuerdo el silencio de mi casa en las mañanas de vacaciones de invierno de mi infancia por los 90’s, dejaba las Barbies por un lado y me sentaba frente un viejo librero que había en la sala para sacar libros y revistas de mi madre y mi abuela, me daba curiosidad descubrir que mundos se escondían entre esas páginas.

Revistas como Cosmopolitan, Vanidades, Eres, Cristina, Selecciones de Readers Digest, etc. me llamaban la atención por sus fotos, mi juego favorito consistía en crear una historia en base al orden de las fotografías, de pronto estaba viajando en una carretera con vista de anochecer, después llegaba a una playa y contemplaba el atardecer, toda la ropa de las modelos, accesorios, zapatos y maquillaje eran míos, los autos que anunciaban yo los manejaba, pero más que nada los paisajes era lo que mas se me quedaban grabados en la mente, lo que más disfrutaba del juego.


Las atmósferas de los lugares me incitaban a viajar en la mente, con la imaginación, de pronto ya no estaba en la sala de mi casa, de repente escuchaba las olas del mar, el ruido de las aves, sentía el calor del sol, o aparecía en un paisaje de montañas, un día soleado, con aire frio, sentía el silencio y la paz, contemplaba la nieve sobres las montañas grises, siempre viajaba y viajaba.

Lo aún más interesante es que de noche los viajes volvían en forma de sueños, siempre he tenido sueños muy surreales, pero la clase de sueño más recurrente de toda mi vida han consistido en atmósferas o bajo contextos de viaje, desde que tengo uso de razón, en mis sueños me encuentro explorando, nunca siento miedo, siento adrenalina y curiosidad, siento paz, no importa si a veces me encuentro en ellos sola o con más gente.

A veces estoy en la playa, a veces estoy entre inmensas ruinas arqueológicas, aveces en una carretera en medio del mar, a veces en un festival de música, aveces en un pueblo colonial que no existe o es la mezcla de varios, a veces volando en globo aerostático sobre el continente americano, a veces los sueños pasan a ser más surreales.
Pero siempre estoy en un contexto de aventura, de una necesidad de descubrir.

Uno de los sueños de mi infancia que jamás olvidaré y después subiré una pintura inspirada en el, mientras anochecía, entre las luces azules de la atmósfera viajaba por una carretera con mis tíos y primos, me sentía relajada y admiraba por la ventana como había un mar de lado a lado de la carretera sin barandales, en donde delfines brincaban sutilmente en la lejanía, el año pasado en Islandia encontré una carretera que cruzaba por en medio de una laguna y no pude evitar pararme a tomar fotos y contemplarlo, encontré un escenario similar al de mi sueño aunque los colores no coincidían.
No fué hasta mi viaje a Turquía cuando corrí hacia el malecón del Bósforo a contemplar el atardecer, y los colores y la atmósfera le daban esos tintes azules oníricos de aquel sueño.

ISLANDIA
ESTAMBUL


En otro sueño de no hace muchos años aparecía en Marruecos, yo estaba sola, pero no sentía miedo, sentía mucha curiosidad y ganas de explorar, todo era en tonos tierra rojizo, había pequeños locales y poca gente, era muy temprano supongo. Yo no recuerdo haber investigado o haber escuchado algo de Marruecos, pero en dos ocasiones soñé que estaba ahí por eso se me metió la idea de visitarlo.
El año pasado lo elegí como primer destino de mis trips, y si, era la misma atmósfera de mi sueño, los tonos rojizos, el ambiente de pequeños locales con cosas curiosas.
Por un error de la aplicación donde compré mis vuelos tuve que pasar una noche más, en Fes, otra ciudad de Marruecos antes de viajar a Portugal, me hospedé dentro de la vieja ciudad amurallada, al día siguiente por la mañana salí a buscar algo de desayunar, eran las 8 am, pero la mayoría de los puestos estaban cerrados, la zona era como un laberinto, había poca gente y todo parecía ser un mundo desconocido pero a la vez sentí que ya lo había vivido, estaba en el mismo contexto de aquel viejo sueño, igual, no sentía miedo, estaba sola, pero sentía una adrenalina por descubrir cada centímetro.

FES, MARRUECOS.

Tenemos todos dos vidas: La verdadera, que es la que soñamos en la infancia, y que continuamos soñando, adultos en un sustrato de niebla; y la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros, que es la práctica, la útil, aquella en la que terminan metiéndonos en un cajón.
En la otra no hay féretros ni muertes, hay solo ilustraciones de infancia: Grandes libros coloridos, para ver y no leer; Grandes páginas de colores para recordar más tarde. En la otra somos nosotros, En la otra vivimos; En esta morimos, que es lo que quiere decir vivir; En este momento, por la náusea, vivo en la otra…




Fragmento de “Dactilografía” de Fernando Pessoa

A veces me preguntan que si no me daba miedo andar sola o perderme por aquellos lugares, pero no, siento que me es familiar esa sensación de descubrir lo desconocido en el contexto de viaje, es como si mis sueños me hubieran entrenado para eso, nunca me ha dió miedo perderme, nunca me intimidó no conocer a nadie en otra ciudad o país, no me dió miedo por que no me sentí sola, siempre estaba rodeada de gente, y esas personas y lugares son como esos libros del estante que tienen cientos de páginas que quiero explorar y descubrir.

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